Cuando un amigo se va

“Aquí reposan los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad y tuvo todas las
virtudes del hombre y ninguno de sus defectos”.

Epitafio de Lord Byron a su perro

En la vida tenemos muchos amigos, algunos muy especiales, es el caso de las mascotas y me refiero principalmente a perros y gatos. Con ellos compartimos años de nuestra vida de una forma muy cercana, se adaptan a nuestras rutinas y costumbres, se pueden volver invisibles, pueden ser el mejor compañero para hacer deporte, consolarnos cuando lloramos o estamos tristes, darnos calor si tenemos frío, acompañarnos en nuestra soledad o recibirnos como nadie cuando llegamos a casa. Soportan nuestros enfados y nuestros malos modos y nos los devuelven dándonos más amor, si cabe. Con ellos sí que somos auténticos. Y podría decir  muchas más cosas que seguro se me quedan en el tintero.

Sin embargo, no nos acompañan en todo nuestro camino, su vida es bastante más corta que la nuestra, pero no por saberlo nuestro duelo es menor. A veces podemos sentimos mal por tener tanto dolor ante la despedida de nuestro amigo, mientras aceptamos con naturalidad la pérdida de algún familiar, pero como decía Blaise Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende” y es que, no era humano, pero era nuestro mejor compañero y amigo. El duelo por nuestra mascota es como cualquier otro duelo, con el añadido de la incomprensión en algunos casos por parte de amigos o familiares, lo que aún nos hace sentir mas emociones negativas como la rabia y/o la culpa.

Compartir nuestras emociones con amigos que tengan mascotas nos puede ayudar a sentirnos comprendidos y a elaborar el duelo. Quizás dentro de un tiempo, volvamos a querer tener otro amigo con quien compartir nuestra vida de nuevo, sin olvidar a quienes ya no están.

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Este artículo se lo dedico a mis amigos Belén y Pedro.

Mª Ángeles Muñoz
Psicóloga