La vida pasa sin darnos cuenta mientras estamos empeñados en nuestras tareas. La entregamos a empresas que creemos son lo más importante porque nos permiten llevar un mejor nivel de una vida aparente.  Si fuéramos capaces de mirar hacia atrás nos daríamos cuenta  que como dice la canción “nos hemos olvidado de vivir”. Mi vida era así hasta que todo se puso patas arriba.

Había notado que me resfriaba con bastante frecuencia y esto me llevó a hacerme un chequeo rutinario con análisis de sangre.  Me extrañó recibir una llamada de mi médico de cabecera urgiéndome a ir a consulta. Como estaba ocupado en otras cuestiones no le di mucha  importancia y aún tardé unos días en ir a consulta. Cuando por fin fui mi médico me dijo que algo había salido mal y que debería acudir a un hematólogo y él mismo se ocupó de solicitarme primero nuevos análisis y después una consulta.

No quiero culpar a nadie, pero la consulta en un hospital de la periferia de Madrid resultó un desastre. Tenía hora a las doce y media y por fin me atendieron con más de dos horas de atraso casi a las tres. Me atendió una muchacha joven, que tal vez sabía mucho de su especialidad, pero sin el menor tacto. Me dijo que tenía Leucemia, que tendría que vivir con ella en adelante y que podía vivir muchos años. Quedé tan traumado que sólo pude preguntarle si me daría un informe y así lo hizo. Me dijo que volviera a los seis meses. Me despachó en menos de diez minutos.

Después me dije a mí mismo que esto no iba a condicionar mi vida por tomé la decisión de no hablar con nadie, no lo conté en casa ni en el trabajo, fingía estar bien, pero por dentro me estaba carcomiendo. Así pasé varios meses, mi humor cambió y mi relación familiar se deterioró considerablemente. Perdí el interés por el trabajo y mi rendimiento bajó, me encontraba cansado pues no dormía bien. Hablé con mi médico que me recetó algo para dormir que a su vez  me causó una profunda depresión y así seguiría de no ser por un buen amigo. Viendo que estaba mal me aconsejó visitar un psicólogo y me aconsejó vuestro gabinete, él os conocía, pero no está bien visto decir que se visita al psicólogo.

Nunca podré agradecerle suficiente su consejo porque puedo decir que esto me salvó la vida. Desde que comencé el tratamiento psicológico mi vida cambió completamente, en principio me dio valor para hablar con mi esposa y mis hijos y en contra de lo que pensaba me liberó y su ayuda incondicional me sirvió para seguir dando los pasos encaminados a poner en orden mi vida. El segundo paso fue el trabajo, me ayudasteis a hablar con la dirección que lo entendió y me liberó de gran parte de la carga que llevaba durante muchos años y por último me ayudasteis a cambiar de médico y a elegir el mejor especialista y a ponerme en sus manos.

La leucemia se aceleró y pronto dio la cara, pero ya estaba preparado, con vuestra ayuda, los tratamientos se me hicieron leves y descubrí que no estaba enfermo, sólo era  diferente.

Hoy años y tratamientos después, gracias a vosotros, tengo una vida plena, valoro cada día que pasa, aprecio más el mar, el sol, los animales, el amor, mis hijos y estoy por fin viviendo mi vida.

¡¡¡Gracias!!!

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