“Las querellas no durarían mucho
si el error estuviese tan solo en una parte”.
La Rochefoucauld

Después de todo un año de trabajo y estrés las expectativas que se ponen en las vacaciones suelen ser altas y para las parejas que están bien suele ser fácil conseguir pasar un tiempo de descanso y afianzamiento de la relación, pero cuando la pareja tiene una crisis latente que se oculta con las actividades del resto del año las vacaciones pueden sacarla a la luz y no resultar tan gratificantes como se hubiese deseado. Podríamos decir que las vacaciones son como una prueba que potencia tanto lo bueno como lo malo.
Cuando la relación falla, como se pasan muchas horas juntos pueden aparecer el agobio, los malos entendidos, los diferentes gustos y opiniones…
En algunos casos si se comparte el espacio con otros miembros de la familia como: suegros, cuñados etc.. todo puede complicarse aún más y encontrar que la cercanía con el otro no resulta precisamente fácil.

Pasar unas vacaciones “infernales” puede hacer que nos preguntemos ¿Qué pasa con nuestra relación? ¿Por qué ya no nos entendemos? ¿Porqué ya no disfrutamos estando juntos? ¿Se acabó el amor? Ante todos estos interrogantes muchas parejas llegan a plantearse la separación y es por ello que la mayor parte de los divorcios se producen después del periodo vacacional.

¿Es la separación algo inevitable? No necesariamente. Todas estas dudas son signos de que algo no funciona y hay que tomarlo como una señal de alarma, desde luego esto implica un deterioro de la relación, pero puede servir para buscar soluciones antes que pensar en una ruptura que es lo primero que nos viene a la cabeza, debido al enfado y desencanto que sentimos entre otros sentimientos negativos. En estos momentos solemos generalizar y ver en el otro solo las cosas que nos desagradan, también es fácil culparlo de todo lo malo que nos ocurre.

Para no precipitarnos es importante, antes de tomar una decisión, recuperar la calma. Es en este momento cuando podemos ver la situación de una forma realista. A partir de ahí el diálogo es fundamental para saber en qué punto está la relación y afrontar lo que está ocurriendo con un ánimo constructivo.

Cuando no somos capaces o no sabemos como afrontar la crisis puede ser el momento de plantearnos recibir ayuda por parte de un profesional. Los psicólogos podemos facilitar herramientas que ayuden reconstruir la relación y si esto no es posible también a afrontar la separación.

“Actúa de modo que siempre logres
aumentar el número de opciones”.
H. von Foerster

M. Ángeles Muñoz
Psicóloga