Ser padres y seguir siendo pareja

Para que una relación sea estable es preciso que los dos componentes de la pareja estén dispuestos a mostrarse mutuo apoyo tanto al surgir acontecimientos traumáticos que provocan un vuelco en nuestras vidas como en las pequeñas situaciones de estrés de la vida diaria.”

JOHN GOTTMAN

 

Al formar pareja después de un tiempo, en la mayoría de los casos, el paso siguiente suele ser tener niños. Ser padres cambia la vida y la visión que tenemos de ella, también cambia la visión hacia nuestra pareja, pues se establece un vínculo diferente. Después de tener hijos es normal y sano querer hacerlos felices. El concepto de sacrificio adquiere un nuevo significado que llevamos gustosos para garantizar el bienestar y la supervivencia de nuestra prole. Y aunque ser padres nos hace muy felices, con el ritmo de vida actual, es complicado.

Por lo general, en nuestro país, conciliar la vida laboral con la familiar es complejo pues las jornadas de trabajo son muy largas, debido a los largos desplazamientos es complicado volver a casa a la hora de la comida, por lo que no queda más remedio que dejar a los niños en una guardería o a cargo de alguien desde que son bien pequeños. Al terminar el día, cuando regresamos a nuestro hogar, solemos estar “derrotados”, aun así no se ha acabado nuestra jornada, todavía quedan las lavadoras, las comidas, los deberes, los baños de los pequeños, entre otros quehaceres domésticos, y finalmente el sofá, que suele el preámbulo de nuestro sueño, por otra parte escaso.

Todo ello nos hace sentir mal y culpables por no dedicar el suficiente tiempo a nuestros hijos, así que decidimos que la mejor forma de mitigar ese malestar interno es buscar la compensación, dedicándoles todo el tiempo libre posible.

Llegado este punto, ¿qué pasa con la pareja?

 En muchos casos puede ocurrir que ésta pase a un segundo plano y nos olvidemos bastante de ella, apareciendo las primeras fisuras que después se transforman en verdaderas grietas y para cuando nos queremos dar cuenta, la relación ya está muy deteriorada.

La comunicación es pobre y con muy poca variedad, el tema de los niños suele ser el mas recurrente. Cada miembro de la pareja procede de un hogar diferente con su forma peculiar y particular de ver la vida. Formas diferentes de educar y diferentes normas. Por ello, aparece la falta de acuerdo para entender la situación, a veces no están bien definidas las responsabilidades que ha de tener cada uno.

El sexo se vuelve escaso y de mala calidad. Durante la semana el cansancio es demasiado grande y el cuerpo solo pide descanso. Y durante el fin de semana, los niños ocupan todo nuestro tiempo y en muchas ocasiones también nuestra cama.

El romanticismo desaparece, pudiendo llegar a ver el lado más feo del otro. ¿Salir a cenar, tener un día o un fin de semana? Impensable, salvo si está relacionado con los niños.

Ante este panorama es normal que aparezca el desencuentro, la complicidad que antes había, se ha esfumado. Las discusiones se hacen cada vez más presentes, se pierden las buenas formas y sólo hay malas caras.

Tener tantas dificultades es normal, pero ir alejándose de la pareja para ser solamente padres, hace que este camino sea mucho más difícil de transitar. La pareja ha de ser el pilar de la familia y para ello cuidarla es lo más importante. Lo demás… se da por añadidura. Pero, ¿cómo conseguir esto? Hay muchas cosas que se pueden hacer, entre ellas están:

  • Buscar el tiempo para estar juntos y solos y así recuperar aquello que teníamos antes de ser padres. Puede ser, buscando una noche o un fin de semana, en el que poder desconectar de la rutina diaria y conectar con el otro. Por ejemplo, ir al cine, a cenar o hacer un pequeño viaje. Esto no es un tiempo perdido, al contrario, es un tiempo muy bien invertido.
  • Mantener el espacio para la intimidad en casa, por ejemplo, la habitación debe ser de y para la pareja. Y aunque nos durmamos por el cansancio es bueno hacerlo abrazado al otro, en contacto con su piel. Mantener el contacto físico es importante ya que ayuda a mantener la unión que proporciona esa intimidad.
  • Guardar las formas, la educación y las buenas palabras con el otro. A veces descargamos toda nuestra frustración en la pareja, la culpamos de alguna manera de lo que nos ocurre y como dice el refrán “donde hay confianza da asco”, justo con quien está mas cerca mostramos nuestra peor cara. Una buena forma de ayuda es recordar cómo nos comportamos fuera de nuestra casa, aunque estemos de mal humor, no vamos insultando ni siendo groseros con los demás; al contrario, solemos poner nuestra mejor cara y nuestra mejor sonrisa. Hacer lo mismo con la pareja en cosas tan simples, como sonreír, ser educado, utilizar un buen tono y buenas palabras, hacen que la comunicación sea más fluida y los malos momentos menos amargos.
  • Delimitar bien los roles de cada uno, tanto con los hijos, como en el hogar. Esto es importante ya que evita malos entendidos y discusiones.

Nuestra pareja, es en principio, con quien nos hemos comprometido a recorrer nuestra vida. Ser padres sanos y estar unidos es aquello que nos permitirá tener hijos sanos e independientes, ya que, como escribió Kahlil Gibran: “Vuestros hijos no son vuestros hijos, ellos son los hijos y las hijas de la Vida que trata de llenarse a sí misma. Ellos vienen a través de vosotros pero no de vosotros y aunque ellos están con vosotros no os pertenecen.”

                                                                              “La comunicación es a la relación lo que la respiración a la vida.”

Virginia Satir

Mª Ángeles Muñoz Roldán

Psicóloga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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