“Una palabra o una imagen es simbólica

cuando representa algo más que

su significado inmediato y obvio”.

Carl G. Jung

Hay signos e imágenes que cuando los vemos, sabemos qué significan, como decía Jung, van más allá de un significado concreto e inmediato pero su uso reiterativo nos transmite un mensaje que se convierte en algo familiar. De esta forma se hace publicidad a un producto o se da un significado importante a nivel cultural, social y moral.

Los símbolos pueden ser positivos o negativos. Cuando vemos una cigüeña pensamos de inmediato en un bebé, con unos anillos colocados de determinada manera nos viene a la imagen una boda. Cada uno de ellos tiene una connotación distinta para nosotros y dependiendo del momento o de nuestras vivencias nos puede conectar con algo alegre y bonito o con algo triste y desagradable, por ejemplo, la Navidad.

Algunas palabras pueden considerarse como símbolos,
palabras que tienen un gran significado como libertad, amor, belleza. También hombres y mujeres se han convertido en símbolos cuando de alguna manera han hecho una aportación a la humanidad, aunque no siempre sean reconocidos.

Nelson Mandela era un símbolo porque encarnaba los valores más loables en el ser humano: La libertad, la igualdad, la paz, el perdón… Esos valores que todos admiramos pero que sólo unos pocos hacen de ellos su bandera de vida, arriesgando ésta si llega el caso.

Con la muerte de esta gran persona se ha movilizado la opinión pública a todos los niveles y a cada uno de nosotros nos ha tocado un poco el corazón. Personajes como Mandela nos conectan con esos símbolos universales y podría ser un buen momento para revisar nuestros propios valores y ser más conscientes de ellos. No todos tendremos la oportunidad de realizar grandes gestas y convertirnos en símbolos, pero dentro de nuestro día a día hay muchas cosas que podemos hacer para mejorar este mundo: sonreír, ser amables con los demás, perdonar esas faltas que nos parece que cometen los otros (por ejemplo al conducir), ceder el sitio a las personas mayores en el autobús y en el metro o hacer una llamada de teléfono. En resumen, ayudar a los demás.

Si fuéramos capaces de extender al resto del año la solidaridad que mostramos en estas fechas nos haría sentir tan bien que nos sorprenderíamos a nosotros mismos.

“Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero”.

NELSON MANDELA