La palabra hipnosis ha sido objeto de muchos errores y malas interpretaciones, las más comunes suelen ser pensar que a través de ella se puede manipular, haciendo que el sujeto que la recibe pierda su control para hacer algo en contra de su voluntad. Otro de los errores es pensar que se puede perder la consciencia durante el proceso y creer que podemos recordar hechos del pasado con todo lujo de detalles. También ha pasado por ser una experiencia sobrenatural y esotérica.

Sin embargo, la hipnosis es un estado por el que todos pasamos, es una experiencia cotidiana. En nuestra vida diaria pasamos constantemente y con distintos niveles de intensidad por momentos de sugestión. Cuando un suceso nos absorbe podemos decir que estamos en trance. El suceso puede ser de carácter externo como las sugestiones que se dan desde nuestro entorno, como ver en la televisión algo que nos atrapa, sumergirnos en una conversación, observar un bonito paisaje que nos conmueve… También puede ser de carácter interno, por ejemplo las sensaciones corporales como sentir un dolor, dejarnos absorber por nuestros pensamientos, por ejemplo en los momentos de preocupación.
Así pues, la hipnosis es un fenómeno natural y conocerla y utilizarla bien puede convertirse en una herramienta muy poderosa. Milton Erickson decía que toda hipnosis es una autohipnosis. El hipnotizador facilita el proceso autosugestivo del sujeto que mantiene la voluntad y la decisión de colaborar para obtener una óptima experiencia.

Jeffrey Zeig dice que la hipnosis es estimulada y no inducida pues la palabra estimulación evoca la esencia del proceso con el cual el hipnotizador constituye las condiciones que activan o hacen emerger en el paciente los componentes del trance.

Con la hipnosis se consigue un estado de máxima alerta y aprovechamiento mental, un mayor bienestar y relajación y desarrollar nuestra creatividad, manejar las preocupaciones, mejorar nuestros propios recursos superando los obstáculos y consiguiendo llegar a nuestras metas.

…(el curador no debe decir) la verdad desnuda.
Tiene que emplear imágenes, alegorías, figuras,
un lenguaje portentoso, u otros caminos
ocultos e indirectos
Paracelso.

Mª Ángeles Muñoz
Psicóloga