Estaban 4 ciegos en torno a un elefante, cada uno de los cuales tocaba una parte distinta del elefante sin poder verlo en su totalidad y afirmaba que aquella es la verdad respecto a la constitución del elefante. Así pues, para uno el elefante es algo largo y flexible, la trompa; para otro, una masa compacta de carne, el costado; y así sucesivamente para cualquier otra percepción limitada del cuerpo del elefante.

Esta metáfora india refleja muy bien el concepto constructivista de que no existe una realidad verdadera, sino que la realidad cambia en función del cristal con que se mira. Cada uno percibe su mundo y es ciego ante el de los demás.¿Que son nuestras creencias sino percepciones subjetivas de la realidad?, si estoy convencido de una realidad particular puedo permitírmela en la mente, escribirla, citarla y sobre todo “actuarla” continuamente hasta persuadirme a mí mismo y a los demás de aquello que quiero.

Todos tenemos razón desde nuestro punto de vista. Nuestras creencias determinan nuestras cogniciones y nuestra conducta, si pensamos que algo es cierto actuamos en consecuencia: “soy estupendo”, “soy capaz de conseguirlo”, “las cosas me irán fatal”, “suspenderé”, “no seré elegido”.

Jon Elster, lógico y estudioso de las dinámicas sociales, establece que en el proceso y formación de las creencias, el autoengaño es la tendencia a identificar la realidad con nuestros propios deseos. ¿Quién es totalmente objetivo? Toda percepción es una construcción nuestra, ya que cada uno de nosotros percibimos la realidad y la alteramos en función de nuestras predisposiciones que hemos construido en virtud de las experiencias vividas. Nosotros mismos construimos la realidad que luego gestionamos o padecemos.

Si lanzo una profecía, “esta persona no me gusta, hay algo que no me convence”, mi mente intenta confirmar estas expectativas, ya sean positivas o negativas, hasta llegar a realizarse. Los efectos de lanzar profecías son muy potentes y hacen que se autodeterminen.

Por tanto una profecía que se autodetermina es una suposición que por el sólo hecho de pronunciarse, hace que se realice el acontecimiento previsto, esperado o predicho, confirmando de este modo su propia veracidad. Una acción resultante de una profecía crea ella misma los presupuestos para que se verifique el acontecimiento previsto, y en este sentido, produce verdaderamente una realidad que sin ella no se habría verificado.

Si tengo miedo al rechazo y me aislo (“no le gusto a nadie, todos me rechazan”) finalmente creo en los demás un rechazo real; si actúo “como si me sintiera simpático y aceptado” acabaré poco a poco construyendo una nueva realidad funcional que sustituirá a la anterior.

Creer que la propia visión de la realidad es la realidad misma, es una peligrosa ilusión. Paul Watzlawick.