Duelo

“Solo sanamos   de un dolor cuando lo padecemos plenamente”.

                                                                                          Marcel Proust

La palabra “duelo” proviene del latín y significa dolor, lástima, aflicción o sentimiento.

De alguna manera, todos a lo largo de nuestras vidas pasamos por procesos de duelo. Cuando somos pequeños podemos sentirnos muy tristes por dejar el chupete o por ese peluche que ya no tiene solución y hay que tirar. En la adolescencia podemos tener nuestras primeras rupturas con amigos o con nuestro primer amor. Cada vez que empezamos algo nuevo, dejamos algo atrás y muchas veces lo echamos de menos, aunque lo que comenzamos sea bueno y nos haga mucha ilusión.

Sin embargo, la pérdida de un ser querido supone una de las experiencias más dolorosas que hay, el sentimiento de pérdida puede hacer que toda la vida se tambalee y aunque implica un sufrimiento intenso, no indica necesariamente la existencia de patología, aunque sí la necesidad de abordarlo, buscando ayuda psicológica que facilite el proceso de superación y adaptación a una nueva situación de vida.

La intensidad y duración del duelo dependen del tipo de relación que se mantenía con la persona perdida y/o de cómo era esa relación. Hay muchos tipos de duelo, las diferentes pérdidas no significan lo mismo, algunas se superan antes que otras, entendiendo que la superación no significa olvido, cada persona es única y por tanto tendrá su propio ritmo, así se da paso al presente con cambios significativos en la vida y manteniendo un recuerdo amoroso y sereno hacia la persona que ya no está, poco a poco se va reconstruyendo el propio mundo, de forma gradual podemos volver a sentir emociones positivas como la alegría.

A grandes rasgos podemos decir que durante el duelo se puede pasar por las siguientes fases aunque no necesariamente por todas, ni en el mismo orden.

· NEGACIÓN: En un primer momento suele haber incredulidad “esto no puede estar pasando”. Aunque se sabe que se ha producido la desaparición física, hay algo a lo que uno se tiene que adaptar y es a todo lo que se solía hacer con la persona desaparecida.En esos momentos es normal sentirse confundido, desorientado y con gran sensación de irrealidad. La ansiedad se puede presentar en forma de oleadas a lo largo de un día, con sensación de ahogo, opresión en el pecho, debilidad muscular. Esto se puede repetir a lo largo del tiempo coincidiendo con fechas señaladas. Algo que también suele ocurrir es el recordar los hechos que rodearon el suceso de forma repetitiva, analizando la situación una y otra vez y esto añade culpa por aquello que hicimos o dejamos de hacer.

· IRA: La persona que atraviesa un duelo puede estar irritable y poco tolerante, la frustración se arroja hacia los demas: Amigos, Médicos, Instituciones, Dios…

· TRISTEZA: Con síntomas que recuerdan a una depresión, como apatía, bajo estado de ánimo, falta de motivación, etc. la persona suele retraerse de su entorno prefiriendo la soledad y el aislamiento.

· ACEPTACIÓN: Tanto la aceptación intelectual como la emocional, por fin se acepta la nueva realidad y se introducen los cambios en las actividades, una nueva forma de vida, que puede incluir hacer cosas que antes hacía la persona desaparecida. Así poco a poco se va reconstruyendo el propio mundo.

Darle ayuda a una persona que está en un proceso de duelo, significa escuchar, sin decir frases hechas que surgen por la incomodidad que podemos sentir, significa acompañar, sólo estar, aunque haya silencio no hay que intentar llenarlo de palabras. Cuando surja el momento de hablar, procurar hacerlo con la mayor naturalidad posible.

Mª Ángeles Muñoz

Psicóloga

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