“La discusión es la muerte de la conversación”

Emil Ludwig

¿Discutes con tu pareja?

Discutir es algo natural entre las personas, pues es una forma de manifestar las diferentes opiniones. A diario podemos ver en la televisión discusiones casi siempre relacionadas con la política o con las diferentes maneras de pensar. Una vez acabadas, los implicados suelen darse la mano o cuando menos despedirse cordialmente.

A diferencia de los anteriores, en las discusiones en la pareja, no existe moderador y al terminar, no se van cada uno a su casa, sino que continuarán viéndose y hasta dormirán juntos. Las discusiones forman parte de la cotidianidad, como una manera de exponer los diferentes puntos de vista, pero, cuando son constantes constituyen un obstáculo, a veces insalvable, que puede acabar con la pareja.

Aunque exista una importante base afectiva, pueden surgir discusiones provocadas por una palabra o un acto inoportuno que prende una chispa que inicia un acaloramiento en el que se pierde el control. El ego herido, termina diciendo cosas que no siente para devolver el golpe recibido.

Un clima de constantes discusiones no sólo deteriora la convivencia de la pareja sino también de quienes están alrededor, sobre todo de los hijos.

Las áreas de conflicto

Según nuestra experiencia las principales áreas de conflicto pueden ser:
El trabajo doméstico, la limpieza, el orden, la comida, los niños. Suele ocurrir que, cuando uno de los dos no está de acuerdo con las labores atribuidas, lo manifiesta consciente o inconscientemente con ira, quejas, desplantes, etc…
• Diferentes expectativas con respecto al sexo sobre todo en cuanto a la frecuencia.
• La convivencia con hijos de matrimonios anteriores y la relación con la ex-pareja.
• Las pequeñas (o grandes) adicciones como el alcohol o el tabaco, cuando no son compartidas.
• La falta de confianza (celos etc…)
• La lucha por el poder, más o menos consciente.
Las familias, propias y ajenas, de cada uno. Madre, padre, hermanos se convierten en suegra, suegro, cuñados…
• Además de los anteriores, también pueden ser motivo de conflicto la política, el fútbol o cualquier otra diferencia de criterio.
Cuando las discusiones son reiterativas, provocan ira y se llevan al ámbito personal, debemos ser conscientes de que tenemos un problema. El análisis de las causas puede sacar a la luz aspectos de la relación que son irreconciliables o por el contrario que gran parte de las discusiones no tienen una causa real.

Normas para discutir

Reflexionar sobre ello y analizar el origen puede ser el comienzo de la solución y, el camino comienza cuando somos capaces de acordar con nuestra pareja una serie de normas para discutir entre las cuales podrían estar las siguientes:

Prohibido los espectadores. Queda totalmente prohibido discutir cuando haya alguien delante, especialmente los niños.
Elegir otro momento y otro lugar para discutir: Cuando la discusión sea inevitable, pues el tema lo requiera, se fijará un momento y un lugar.
Dos no se pelean si uno no quiere: En el momento en que nos damos cuenta de que se avecina la tormenta, uno de los dos debe abandonar la habitación sin que el otro se enfade. Después se retomará en frío.
Si bebes, no discutas: El alcohol nos desinhibe, envalentona, altera nuestra percepción y puede sacar lo peor de nosotros. Cuando vayamos a tomar algo de alcohol, por ejemplo, en una cena, debemos ser conscientes de no sacar temas de controversia para evitar que la fiesta pueda acabar mal.
Prohibido irse a la cama enfadados: Si no lo hacemos, la noche agranda el problema y lo traslada al día siguiente, mientras que, si somos capaces de llegar a un acuerdo antes de dormir, buena parte de los agravios quedarán olvidados el nuevo día.

Lo que no se debe decir

Para terminar, un último consejo sobre lo que podemos hacer si queremos acabar con nuestra relación: en nuestras discusiones debemos incluir frases como: “No vales para nada”, “Ya me lo decía mi madre”, “No quiero discutir contigo”, ”No es para tanto”, “Siempre haces lo mismo”, ”Lo sabía…” “Te pareces a tu madre”, “No sé lo que hacemos juntos”, “Te lo dije”, “Piensa lo que quieras”, “Me da lo mismo” etc…

Las discusiones pueden dar un toque de sal y pimienta a la relación y pueden ayudar a mantenerla viva, pero un exceso puede provocarnos dolor de estómago. Si sigues algunos de estos consejos podrás experimentar una gran mejoría. Si no lo crees posible o no te sientes con ánimos, la solución puede pasar por solicitar ayuda profesional. En El Bosque Psicólogos estamos especializados en terapia de parejas y estaremos encantados de ayudarte.

“En las parejas, por muy perfectas que sean, siempre hay peleas. Son como necesarias descargas eléctricas que limpian las irritaciones normales de esta vida. Pasada la tormenta, las dos almas, que en el fondo nunca se habían separado, vuelven a comunicarse con felicidad.”
Alejandro Jodorowsky

M. Ángeles Muñoz

Psicóloga

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