Un grito al otro lado de la calle me hiela la sangre, giro la cabeza y descubro que no ha ocurrido ningún desastre, solamente veo una chica llorando abrazada a su madre ante el vuelo de unas palomas. Una situación como esta me puede producir risa por lo ridículo de la situación, ¡como si una paloma fuera a matarla!, pero este tipo de episodios son más dramáticos de lo que nos imaginamos y según el objeto de la fobia pueden ser más o menos invalidantes para la vida de la persona.

Quien padece de una fobia sufre un terror extremo y paralizante ante un objeto, frecuentemente es a un determinado animal o insecto, puede ser a ciertos espacios cerrados como el ascensor o el avión, o a grandes superficies, otras veces la fobia le limita a conducir en autopistas, o a la sangre, a las alturas.
Existen otras fobias más originales como a las esquinas, a las nubes, realmente cualquier cosa puede convertirse en objeto de fobia si reiteradamente evito su contacto, tomo precauciones para no encontrármelo y me hago acompañar de alguien por si hay una emergencia.

Si vives en la Europa occidental la fobia a ciertos insectos, como a las cucarachas, suele limitarse a la estación veraniega, por lo que si tengo este tipo de fobia viviré aterrado y tomaré precauciones solo un par de meses al año; o quien tiene fobia al avión se auto-engaña diciéndose que se viaja mejor en coche o que no necesita viajar tan lejos, es decir se limita la vida pero sigue funcionando. Pero cuando la fobia que padezco me la puedo encontrar habitualmente en mi ciudad, por ejemplo, el miedo a los perros, a las palomas, a las nubes, la vida se convierte en una pesadilla para la persona y sus familiares, y el trastorno se cronifica más rápidamente.

La fobias suelen gestarse tras un acontecimiento traumático que puede ser vivido en primera persona, o tras haber escuchado una noticia impactante, y en otras ocasiones se inicia con asco al contacto de insectos o animales. Aunque la mayor parte de las personas con fobias se acuerdan de un episodio desagradable, no todas los que han sufrido un trauma desarrollan una fobia, porque será determinante cómo actuemos tras el suceso para desarrollarla.

El fóbico se construye una vida de precauciones en torno al objeto de temor, huye de él y pide ayuda, confirmando así su creencia de que es peligroso y que debe evitar, construyendo un muro protector que se va convirtiendo en su prisión.

No debemos olvidar que tener miedo es sano, es el instinto más arcaico de los seres humanos, gracias al miedo hemos sobrevivido a predadores, por lo que no debemos eliminarlo sino cabalgarlo cuando se convierte en un límite.

En la mayor parte de las terapias psicológicas que se centran en producir un cambio cognitivo se obtiene resultados muy lentamente y con gran sufrimiento por parte del paciente, y con mucha frecuencia se produce el abandono por la incapacidad de seguir las instrucciones del terapeuta.

Teniendo en cuenta que quien padece una fobia muestra una fuerte resistencia al cambio porque quiere colaborar pero no puede, la Terapia Breve Estratégica se muestra muy eficaz al usar maniobras terapéuticas para hacer afrontar sin saberlo, según la antigua estratagema china de “surcar el mar sin que el cielo lo sepa”, se guía a la persona a prestar atención a aspectos irrelevantes presentados como fundamentales, o a indicaciones que le obliga a concentrarse en detalles, mientras le convencemos de que aquello es importante, mientras a sus espaldas se ponen en marcha acciones importantes. Consigo así experimentar y obtener una nueva percepción de las cosas, y un pequeño paso, me lleva a otro pequeño paso que su vez me lleva a un gran cambio.

Belén Silván Oró, Psicóloga especialista en Terapia Breve Estratégica.