¿Conoces tus creencias limitantes?

“Tanto si piensas que puedes, como si piensas

que no puedes, estás en lo cierto”.

Henry Ford

 

 

Según la Real Academia de la Lengua una creencia está definida en una de sus acepciones  como firme asentimiento y conformidad con algo.

Las creencias son pensamientos e ideas que tenemos acerca de cómo es el mundo, cómo son las personas y como somos nosotros mismos, con ellas nos movemos en nuestro entorno, nos relacionamos con los demás y actuamos. Nos guían como mapas en nuestra realidad que no siempre es la misma para todos…

Las creencias se van adquiriendo desde que somos niños. La crianza que recibimos en nuestra casa con nuestros padres y familiares, nuestro entorno cultural y social, el modelo educativo y nuestra propia personalidad, las van formando.

A lo largo de nuestra vida, algunas se consolidan y otras cambian en función de las experiencias vividas.

Cuando nos vemos a nosotros mismos, a los demás y al mundo con seguridad,  optimismo y responsabilidad, nuestra vida se hace mucho más fácil. Esas son creencias potenciadoras, a conservar.

Sin embargo, también existen creencias que nos limitan, aquellas que nos impiden conseguir nuestros objetivos, que nos hacen dudar de nosotros mismos; las que evitan que intentemos convertir nuestros sueños en realidad.  Tales como, sentir que no se puede conseguir o hacer algo; que se vale menos que los demás; que el éxito se basa en la suerte; decir “NO” conlleva peligro de abandono; a determinada edad ya no se puede estudiar, son claros ejemplos de creencias limitantes y de cómo pueden influir negativamente en nosotros.

¿Para qué nos sirvieron esas creencias?

Es probable que esas creencias limitantes que hemos identificado, en algún momento tuviesen una función positiva, sin embargo, ahora ya no solo no tienen esa función, sino que además nos están perjudicando.

Afortunadamente estas creencias no son inamovibles. El primer paso para cambiarlas es tomar consciencia de ellas, darnos cuenta de en qué momento, para qué y cómo las utilizamos, después tendremos que averiguar cuál será la creencia potenciadora que sustituya a la limitante, interiorizarla e imaginar cómo sería sentirla, vivirla y cómo cambiaría nuestro comportamiento  y por último visualizar los resultados obtenidos.

Una vez planificado, debemos comenzar a practicar la nueva creencia, actuando al principio “como si” siempre lo hubiésemos hecho así hasta que finalmente se incorpore a nuestros hábitos.

Cambiar nuestras creencias puede servirnos para conseguir dejar atrás las ataduras del miedo, salir de nuestra zona de confort. Al principio puede que esto no sea fácil, pero a la larga será muy satisfactorio porque nos sentiremos más libres.

“Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”

Nelson Mandela

Mª Ángeles Muñoz Roldán

Psicóloga