“La paradoja de la condición humana es que solo logramos ser nosotros mismos bajo el influjo de los demás”.

Boris Cyrulnik.

Quererse a si mismo es la base de una vida feliz y plena. Requiere una buena dosis de humildad para aceptar nuestros miedos, afrontarlos y superarlos; saber encajar los errores además de aceptar los méritos sin que se nos suban a la cabeza, para desarrollar nuestra autoestima a lo largo de la vida.

Quererse significa alegrarse y aceptar lo que hacemos bien sin necesidad de mostrarse o exhibirse, porque el que sabe que vale resplandece por si mismo.

Quererse significa tratarse con benevolencia cuando cometemos errores, atendiendo no sólo a los aspectos negativos de la situación y viviéndolos como un aprendizaje de la vida. Comprenderse en los momentos difíciles, darse tregua, aprender y levantarse tras los fracasos que pueden significar una oportunidad para hacer nuevas cosas.

La autoestima consiste en obtener la confianza en nosotros mismos mediante el aprendizaje y el desarrollo de nuestras capacidades. Supone no juzgarse severamente y tener el mismo baremo de medida para nosotros que para los demás, reconociendo que somos igual de falibles que los que nos rodean.

¿Pero como influyen los demás en nuestra autoestima?

Esta claro que somos seres sociales, vivimos en sociedad y estamos conectados queramos o no con los que nos rodean. Nuestras emociones dependen de lo que piensan de nosotros las personas significativas de nuestro entorno, y lo que pensamos de nosotros mismos se nutre con el contacto social porque el otro es un espejo en el cual nos reflejamos que nos da un feedback positivo, negativo.

Nuestros actos tienen un impacto en los demás, una consecuencia: el reconocimiento en el trabajo, como hijo, como padre, como pareja, o como jugador de tenis alimenta nuestra autoestima y confianza, sin el reconocimiento nuestros actos pierden significado y no hay retroalimentación.

Algunas personas que tienen baja autoestima viven permanentemente con una sensación de incapacidad, hagan lo que hagan siempre sobresale el sentimiento de no haber llegado a donde quieren, de insatisfacción, cuando cometen un fallo se castigan, el fracaso siempre vale 10 y cuando logran algo lo minimizan, su éxito vale 0.

Estas personas a la larga suelen deprimirse porque se sienten muy frustradas, se quedan a la mitad en sus intentos al sentir que estropean lo que tocan. Por ejemplo pueden conformarse en un puesto de trabajo sin intentar promocionarse o mantener una relación de pareja insulsa. O directamente se retiran, no luchando por lo que desean.

Ambas elecciones de la persona o maneras de actuar restringen o anulan sus posibilidades de éxito porque sino se juega no se gana, aumentado la sensación de incapacidad y confirmando su profecía de que no se está a la altura. En realidad estamos ante un circulo vicioso, como la persona no se siente valiosa no actúa, como no actúa no se siente valiosa.

El psicólogo Jean Piaget sostiene en su teoría sobre el desarrollo cognitivo infantil que el niño construye su realidad cuando interacciona con los objetos, es decir, aprende haciendo y luego conceptualiza. Esta es la manera más natural para aprender a través de la experiencia. Explorando el mundo adquirimos seguridad en nosotros mismos y desarrollamos una correcta autoestima, al ir superando las pequeñas dificultades.

La red social inicial es la familiar, al nacer dependemos de nuestros padres que nos dan protección, su comportamiento nos modela, es el primer lugar donde nos prestan atención y donde nos podemos sentir valiosos si somos mirados y reforzados. Ahí se inicia el camino para forjar una buena autoestima, luego se desarrolla con los amigos, pareja, compañeros de trabajo etc.

La autoestima es como un libro en blanco que es escrito a través de nuestras experiencias, por lo que está en constante cambio y muy influida por nuestras creencias, emociones y entorno. La autoestima alta es un anhelado objetivo para muchas personas ansiosas y deprimidas.

En el caso de las personas que se encuentran deprimidas y con un arraigado sentimiento de incapacidad, están invalidadas por una visión rígida de la realidad y creencias negativas por lo que intentan resolver su problema de la misma forma una y otra vez, es decir, hacen más de lo mismo, repitiendo las mismas soluciones inútiles.

La terapia psicológica para aumentar la autoestima se concentra en el presente, en aquello que hacemos para afrontar las dificultades que mantiene las creencias negativas hacia uno mismo. No buscaremos causas ni culpables para no perdernos en el complicado entramado de las emociones porque el pasado no podemos cambiarlo.

El psicólogo especialista en Terapia Breve Estratégica no tratará de disuadirlo o convencerlo que usted es valioso, sino que le hará experimentar nuevas sensaciones a través de tareas, como decía Paul Watzlawick: una psicoterapia eficaz deberá tener una elevada dosis en crear sensaciones a través de tareas planificadas, en ciertos casos parecerán casuales, pero estarán específicamente diseñadas para que produzcan irremediablemente un cambio.

La experiencia, con sus idas y venidas, fracasos y éxitos, nos da la oportunidad de relacionarnos, de afinar nuestras habilidades, de dotarnos de la confianza para escribir el presente que queremos, archivando el pasado.

“La autoestima se conquista y no puede ser donada por los demás”.

Giorgio Nardone.

 

Belén Silván Oró. Psicóloga. Psicoterapeuta.