“No te necesito, te prefiero”

Walter Riso

Uno de los afanes de nuestra profesión lo constituye la resolución de los problemas en las parejas, nuestros métodos son especialmente efectivos en la resolución de sus conflictos tales como problemas con las respectivas familias, sexuales, infidelidades, celos, desencuentros y hasta podemos reavivar pasiones dormidas. Lo que nunca hemos podido hacer es poner amor donde no lo hay.

Los motivos que pueden llevarnos a una relación o un matrimonio sin amor de forma consciente o inconsciente son de diversa naturaleza  y no son malos en sí mismos, pero sí las consecuencias que de ellos se derivan. La soledad, el miedo, la inseguridad, la economía, la conveniencia, el sexo, la comodidad, la frustración, la procreación y sobre todo la conformidad son los mayores enemigos del amor.

Ese amor del que se habla en la película  La princesa Prometida, cuando el viejo milagrero va a revivir al galán “muerto en su mayoría” y pregunta “¿Qué tenéis que merezca la pena? – Amor verdadero – Ha dicho amor verdadero. No podríais pedir una causa más noble  – Sí hijo, el amor verdadero es lo más grande del mundo. A excepción de los bocadillos de cordero, lechuga y tomate…”

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Ese amor al que se refiere San Pablo en su carta a los Corintios que siempre escuchamos en las bodas y en el que casi nunca reparamos: “Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada…, El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece…, El amor no pasa nunca.” 

Algunos de los  estudios publicados  se obstinan en afirmar  que el amor dura apenas un par de años, los menos optimistas dicen que uno solamente; otros lo sitúan en tres o en cuatro  y hay quien afirma que siete.  Si tenemos un poco de paciencia al buscar, encontraremos la teoría científica que más nos guste, basada casi siempre en la fisiología del cerebro que según éstos se comportará de forma sistemática  y sin importar otros condicionantes.  No cabe duda que estos estudios se refieren al  “enamoramiento” más que al amor pues éste es la chispa que prende el amor, pero si no se arrima leña el fuego se apagará pronto y aparecerá la rutina, la desmotivación, las discrepancias serias, las injerencias externas, se perderá la paciencia, aumentarán las exigencias y se perderá la libertad.

Utilizando un símil culinario podríamos decir que “Una pareja sin amor es como una paella sin arroz”.

 El amor es sin duda el ingrediente principal de una relación, pero su  existencia ha de manifestarse también a través de: La amistad, el respeto, la confianza, el equilibrio,  la independencia…

La amistad es el mayor complemento para el amor, a veces lo antecede y en ocasiones lo sustituye. Como decía Francis Bacon “La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad”. También en la pareja.

El respeto es muy importante, no el que se basa en el miedo sino en la libertad. Paulo Coelho nos dice: “La lealtad se basa en el respeto y el respeto es fruto del amor”. ¿Qué debemos respetar en nuestra pareja? Sus objetos personales: cartera, teléfono móvil, cajones, etc…; sus opiniones, aunque no las compartamos, su intimidad, sus silencios, su espacio, su libertad…

Para describir la importancia de la confianza sólo tenemos que ver su contrario la “desconfianza” que equivale directamente a miedo e infelicidad, por tanto, vale más la pena confiar y ser feliz que desconfiar y ser desgraciado. En palabras de Laure Conan: “una amistad sin confianza es una flor sin perfume”. Lo mismo ocurre en el amor.

Aunque no es fundamental el equilibrio ayuda a la continuidad de la relación pues el amor puede salvar pequeñas diferencias pero los grandes desequilibrios intelectuales, físicos, económicos, emocionales, etc… pueden construir un muro a largo plazo. Como nos decía Simon Sinek “El truco del equilibrio es que sacrificar cosas importantes no sea la norma”.

Un cierto grado de independencia evita la convivencia forzada y ayuda al desarrollo personal de ambos miembros de la pareja. La independencia no sólo implica libertad, sino falta de dependencia. Walter Riso nos dice al respecto: “No te necesito, te prefiero”.

Además de estos ingredientes para un buen resultado nunca debe faltar  un poquito de creatividad, afán de renovación, complicidad y sobre todo grandes dosis de buen humor.

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Tampoco podemos olvidar un poquito de picante, el sexo.

El amor y el sexo están íntimamente unidos  en la relación de pareja, claro que puede haber amor sin sexo y sexo sin amor, lo mismo que crecen plantas en los desiertos donde no llueve, pero tienen unas enormes espinas. Por tanto, entendemos que el sexo es el condimento perfecto para el amor.

¿Cuál es la medida ideal de sexo para el buen funcionamiento de una relación?

Aunque la frecuencia en las relaciones sexuales depende de factores como la edad, la motivación, etc..,  recientes estudios estadísticos como el de la Universidad de Toronto, con más de treinta mil parejas, durante cuarenta años, reflejan que la frecuencia ideal media que causa mayor bienestar y felicidad a la pareja se encuentra en torno a una vez por semana. Seguramente esto será cierto, pero para nosotros la frecuencia ideal será la que nos haga sentirnos bien y ser felices.

En nuestros test de parejas solemos incluir preguntas que vienen a arrojar bastante luz sobre la frecuencia, duración y el lugar preferido para realizar el acto sexual, después comparamos las respuestas con el estado actual de la relación y según nuestra experiencia, los resultados no sólo reflejan las preferencias sexuales de la pareja sino que también nos dan información con respecto al conjunto de la relación.

El sexo nos rodea, en internet, en los libros, el cine y hasta los anuncios de televisión lo pregonan de forma más o menos explícita, pero en el mundo real, si hemos elegido la opción de hacer el amor con la misma persona el resto de nuestra vida, dado que la rutina es uno de los mayores enemigos de las relaciones sexuales en una pareja estable, no sería malo aplicar para el sexo los mismos consejos que antes mencionamos para el mantenimiento de la relación, es decir: Creatividad, afán de renovación, complicidad y buen humor.

El resultado de aplicar todos estos ingredientes será sin duda un menú de cinco tenedores, si lo ignoramos, nuestro matrimonio será “fast-food”.

Si en tu relación de pareja utilizas estos ingredientes y aplicas los condimentos oportunos y buenas dosis de picante, vuestra unión no sólo se perpetuará en el tiempo sino que será feliz y placentera, tanto para vosotros como para todos los que os rodeen.

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”

Antoine de Saint-Exupéry

María Ángeles Muñoz Roldán

Psicóloga